
Intentó moverse, pero algo retenía sus manos, apenas alcanzaba a distinguir la claridad del pequeño ventanuco que tenía al fondo...sus párpados eran pesados y le mostraban una realidad velada y espesa, parecida a aquella que solía mirar desde niño a través del fondo de los vasos con líquido. ¿Dónde estaba?, no pudo articular palabra, un dolor punzante, como si lo taladraran miles de clavos respondieron al vano intento de emitir cualquier sonido. Poco a poco iba ordenando ideas, estaba en un hospital, o al menos tenía casi la certeza, el olor, el sonido del respirador y el macador del ritmo cardíaco lo delataban, eso lo tranquilizó un poco, al menos estaba vivo y a salvo. Alguien se acercó y reconoció un perfume familiar, sintió el calor de la mano de su mujer que lo acariciaba en una actitud casi maternal, el olor floral de su perfume y el aroma avainillado de su escote hicieron que se sintiera como en casa, ahora no tenía nada que temer... ella se acercó con una suavidad casi felina y le susurró al oído..."nos vemos en el infierno". De repente la realidad le dio un vuelco, ¡era ella!, se retorció en un vano intento por moverse, trató de escapar, pero su cuerpo debilitado ya no respondía a sus impulsos, sintió náuseas, su pecho se aceleraba y convulsionaba en una lucha feroz por atrapar el útimo aliento, pero... cerró los ojos (...)



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