domingo, 25 de mayo de 2008

vuelvo a entrar.


Tenía ganas de volver a reconciliarme contigo, al verte, he tenido la misma sensación que cuando vas a abrir la puerta de una casa, después de mucho tiempo. Cuando estás en la puerta, sientes un poco de vértigo, todo lo que miras, te va transmitiendo imágenes de algo que fue, son como pequeños flashes, que traen a tu cabeza miles de recuerdos. Lo primero, ver que todo está en orden, que nada se ha roto, y que puede permanecer. Después limpiar todo aquello que el tiempo ha estropeado, guardar todo lo que quieres conservar y que quizá en algún momento quieras volver a ver.
El tiempo inerte estropea las cosas sin aportarles nada, todo lo que no se cuida, empieza a tener problemas, goteras, humedades... ahora que lo pienso, la amistad puede tener muchas similitudes... vale, sí, puede permanecer para siempre, pero el tiempo hace que irremediablemente mires hacia otro lado, y es que tantos silencios, y tanto tiempo inerte...
Siempre se pueden arreglar las cosas, incluso ponerles algo de chispa. Si nos empeñamos en mas de lo mismo siempre, o lo peor, empezamos a considerar que todo está dicho o zanjado...mal irán las cosas, porque la vida pide dinamismo, emoción, y por qué no? de vez en cuando alguna mariposa revolotenando en el estómago...
Tanta estabilidad, tanta corrección, tanta rectitud...bufff a veces abruma.
Son palabras sin sentido... pero bueno, hoy no quiero reflexionar sobre ello.