miércoles, 29 de junio de 2011


La vida no es más que eso, una unión inevitable con la tierra. La naturaleza humana no está preparada para otra cosa, sueñas con volar, con salir, pero solo lo logras con ese fluir etéreo e invisible producto de tu imaginación, ese que no tiene materia, ese que intentas tocar y se escapa entre tus manos como un haz de luz, ¿sobrevivir?, sólo con una dosis de locura...

lunes, 27 de junio de 2011


Su cuerpo se lanzó hacia el abismo oscuro y como tantas noches, lo despertó un suspiro aletargado que lo ahogaba sin razón, sólo tomaba consciencia de la realidad cuando veía la pequeña luz lejana del candil que se filtraba por debajo de la puerta y que a duras penas le hacía vislumbrar los perfiles del lugar en el que se hallaba, entonces, su respiración acelerada tomaba el protagonismo y su mente intentaba ordenarse. Otra noche más... cuántas, y hasta cuando...recordaba la imagen de su hermano Mircea, lo admiró por tantos años, su referente, su guía...con él había descubierto el mundo y sus intrigas, de él lo separaron cruelmente cuando su adolescencia era incipiente, las noches ahogaban sus odiadas lágrimas, había aprendido a mantener la firmeza, la impasividad, la frialdad y la certeza, al menos eso debía conservar como tributo a su estirpe, el sello de su familia jamás perecería con él,al mismo tiempo, la venganza, aceleraba su deseo de sangre.
No necesitaba pensar mucho cómo sería el fin de su enemigo, del verdugo cruel que apaleó a su padre ante la mirada atónita de su hermano maniatado, ese que esperó al final lento y agonizante, padre e hijo, frente a frente, no podía soportar el pensar que el último hilo de vida que su padre conservaba en la mirada, el fin de su hijo, su hermano amado, nada pudo hacer su moribundo padre cuando colocaban un hierro incandescente en los ojos de la sangre de su sangre, justo antes de que la muerte diera su paso tras enterrarlo aún con vida, tumba en la que escupieron y orinaron... Todas esas imágenes daba razón a su destino, él estaba ahí, como brazo ejecutor de esa injusticia...a menudo hablaba con ellos, les pedía consejo y fuerzas, ahora, el momento se acercaba, doblegaría el sufrimiento de sus verdugos, la paz, alcanzaría su alma en ese aspecto, porque su sed era insaciable, por ellos llegaría a lo más alto.

Era una tarde de pascua de resurrección, el castillo lucía sus adornos relucientes y todo era bullicio de criados que iban de acá para allá con porte jadeante, las mesas estaban dispuestas y exquisitas y fastuosas viandas habían sido traídas de toda la comarca, vino italiano de la mejor calidad había sido importado para la ocasión, los Boyardos, tenían paladares acostumbrados a la buena mesa, todo tendría que estar impecable. Vlad había pedido a sus invitados que vistieran sus mejores galas para tal evento, era el momento de aunar destinos, disipar viejas rencillas y firmar una tregua beneficiosa para todos, eso al menos, es lo que había comunicado Vlad en un intento de justificar tal dispendio con los que antaño habían sido sus enemigos.
La cena discurría con normalidad, todo era perfecto. El vino adormecía los paladares y alegraba el alma de los comensales, las risas se distendían más allá, producto de la ebriedad y no tanto de la actuación de algún bufón con poca gracia. Todos brindaban, el olor a asado especiado circulaba por oleadas, además, era pascua de resurrección y con ella terminaban los ayunos impuestos por una cuaresma que por fría había resultado un poco larga. De repente se hizo el silencio, Vlad se había puesto en pie, para pronunciar algunas palabras y, a pesar de su porte poco elegante, había en él un cierto toque enigmático. Su pelo ensortijado parecía cobrar vida, haciendo juego con el brillo de sus ojos negros y profundos, su cara, conservaba siempre el mismo rictus, nada hacía prever su estado de ánimo, era como una estatua de mirada penetrante, capaz de fulminar y dejar en silencio a cualquiera que intentara mantenerla. Pidió silencio, una sensación plomiza sobrevoló en forma de brisa suave por todos los rincones, sólo se escuchaban el ruido de los ropajes y de algún perro en la lejanía, peleando por alguna sobra del asado. Dijo en tono suave: "Amigos nobles, sus hazañas les preceden, muchos de los presentes han luchado menospreciando sus vidas en numerosas batallas. Quiero decirles que es un honor compartir con vosotros tanta valentía, ahora les toca enfrentarse a la batalla más importante de sus vidas, espero que colaboren, su destino está escrito, ahora podrán conocer la diestra del padre". Arrojó su copa en una pared haciendo un ruido estridente que rebotó como un eco premonitorio. El vino rojizo caía por la piedra como un derramamienro de sangre, en ese instante salieron soldados de todos los rincones del palacio, nadie puso resistencia, el factor sorpresivo era la clave, en un principio las miradas desconcertadas buscaban entendimiento, cuando la realidad se tornó palpable y clara, ya era demasiado tarde. Los mayores eran capturados violentamente hacia fuera, mientras el resto de soldados, mucho más numeroso, retenía cualquier intento de huída. El vino hacía que los pasos de muchos fueran torpes y disparatados, el numeroso grupo se amontonaba en un intento de cobrar fuerza, pero cualquier intento era vano. Vlad seguía en su mesa, con mirada impasible todo lo que ocurría, con una naturalidad cínica, el espectáculo era dantesco. Las estacas de madera se amontonaban mientras los Boyardos eran atados por las extremidades a los caballos cuya fuerza las introducía atravesando todo su ser. El dolor debía ser desgarrador, los gritos, se ahogaban con estiércol, a más resistencia, más crueldad. Aquellos que aceptaban su destino tenían la suerte de ser atravesados por las entrañas con una muerte más rápida e igual de dolorosa. Las vísceras se derramaban por las estacas, los cuerpos eran clavados para que no se desplazaran, los niños eran unidos a sus madres por el corazón...Mientras, Vlad notaba como algo en su interior tomaba paz y sosiego, por fin, la venganza adormecía su parte más oscura. Un estado de felicidad, se apoderó de si. Pidió mas vino.

miércoles, 22 de junio de 2011

ÁNGELES PAGANOS.


La magia de los ángeles no es materia exclusiva de las religiones. Los poetas y filósofos paganos hablaron a menudo de los seres espirituales. Platón enseñó que la más alta clase de daimons, que nunca habían habitado cuerpos mortales, eran honrados guardianes de los hombres. Sógrates hablo muchas veces de un buen daimon que lo aconsejó y guió durante su vida. Heliodoro atribuyó el ministerio angélico a espíritus que, según él, habitaron una vez cuerpos mortales durante la edad de oro, y habla de ellos como espíritus aéreos designados por el gran Jove.

jueves, 16 de junio de 2011

LA MISOGINIA EN LA HISTORIA.


Las mujeres vistas por Semónides.(texto de Eva Cantarella).

La historia de la Eva griega es muy significativa, como no podría ser menos. Sobre todo si a ella se le añade otra, la que cuenta el poeta Semónides de Amorgos.
Pues también Semónides en un poema conocido como "Yambo sobre las mujeres", explica con detalle lo que él considera la esencia femenina.
Algunas mujeres, dice Semónides, están hechas de agua y otras de tierra. Las que están hechas de tierra tienen las facultades mermadas por la voluntad de los dioses: no distinguen el bien del mal y sólo piensan en comer. En cambio, las que proceden del mar, tienen como el mar, dos naturalezas: un día son felices, alegran el hogar, y parecen las mejores esposas del mundo, pero al día siguiente son inasequibles, tienen arrebatos de cólera y atacan a amigos y enemigos sin distinción, como las perras que defienden a sus cachorros.
Pero aún hay mujeres peores: las que descienden de los animales, cuyos rasgos han heredado. Está la que viene de la cerda y vive en una casa sucia, no se lava nunca, se viste con ropa sucísima, engorda y se revuelca en el estiércol. la que desciende de la zorra: lo sabe todo, lo controla todo, pero se conforma y adapta a los acontecimientos. La que procede de la perra y vaga por la casa aullando, ladrando, nunca está tranquila ni aún siendo golpeada. La que desciende de burro es distinta: es paciente y trabajadora, come agazapada cerca del fuego y se le puede pegar sin que proteste. Pero tampoco esta es perfecta, dado que está dispuesta a hacer el amor con cualquiera.
La opinión de Semónides sobre las mujeres es de lo más clara, pero merece la pena seguir hasta el final de su increíble reparto.
la mujer-gata es sencillamente funesta: carece de gracia y fascinación, roba y engulle las ofrendas de los sacrificios antes de que puedan ser ofrecidos a los dioses. Y su ninfomanía es tan desmesurada que produce naúseas. Muy distinta es la yegua, refinada y esmeradísima en su cuidado, con el cabello peinado y adornado con flores, un auténtico espectáculo para los ojos, pero también un auténtico desastre para quién se case co ella, a menos que sea un rey.
Pero, la peor de todas es la mona: es tan fea que todos se ríen de ella. No tiene cuello, es basta de movimientos, seca y no tiene nalgas. Por si fuera poco, sólo piensa en hacer daño, lo que la convierte en la mayor desgracia que Zeus haya enviado a la tierra. Sorprende que, después de semejante repertorio, haya una mujer que se salve: la que desciende de las abejas. Ama a su marido y envejece a su lado, cría a sus hijos con devoción y no le gusta hablar de su sexo con las demás mujeres. Feliz aquél que se case con ella. pero cuidado, los versos finales del poema nos inducen a creer que semejantes mujeres no existen en la vida real, y Semónides concluye que las mujeres, aunque parezca que sirven para algo, son un problema para quienes se casan con ellas. Quien viva con una mujer no tiene un día de paz. Cuando tenga un invitado hará bien en mantenerse alerta, porque aquella que parece ser la mejor es la que te convierte en el hazmerreir de los vecinos: la mujer abeja ha desaparecido.
Llegados a este punto, es inevitable tratar de hallar algún consuelo. Y, para que podamos olvidar en parte la misoginia de Semónides, por suerte viene en nuestra ayuda un fragmento de un poema conservado en las Anacreónticas (imitaciones de la poesía de Anacreonte escritas en la Antigüedad tardía):

"A los toros la naturaleza les ha concedido cuernos, a los caballos pezuñas,
a las zorras velocidad, a los leones una temida dentadura;
ha hecho a los peces aptos para nadar, a los pájaros para volar,
a los hombres les ha dado el juicio, a las mujeres nada. Más he aquí
que a las mujeres, en lugar de lanzas y escudos les ha concedido
la belleza. Y la mujer hermosa vence al hierro y al fuego."