viernes, 11 de febrero de 2011


(...)Aquella noche había prometido no conjurar sus desdichas a los astros. Su cuerpo se rebelaba en un ataque desesperado. Miró sus manos huesudas y blanquecinas, esas que habían acariciado tanta belleza y sintió rabia e impotencia. Ahora su pasado pasaba ante sus ojos como una nebulosa opaca. Intentaba disiparlo, engañándose a si mismo, pero la realidad le abofeteaba sin piedad. Ahora no podía hacer nada, no tenía fuerzas para lamentarse, ¿para qué?, una extraña pasividad cercana a la frialdad se habían apoderado de su ser, el no sentir nada se había convertido en un estado perfecto en esas circunstancias. Notaba con gran fuerza como esa enfermedad cruel instalada en su cuerpo no cejaba en su empeño, a diario avanzaba atravesándole las entrañas, deteniéndose con fuerza, llevándole a un éxtasis cruel en el que a veces perdía la cordura,no podía entenderlo, ¿por qué a él?, un genio del arte, un mago de los sentimientos, tenía tantos proyectos... tanto que dar... alguien que ha rozado la cumbre y el cenit de los sueños, él, que había llegado a ese instante en el que la omnipotencia te hace ser fuerte y poderoso, invencible... ahora lo derrotaban sin piedad en un camino lento y doloroso. A veces, en un ataque desesperado había planeado en su cabeza mil y una formas de poner fin de una forma sencilla, que él habría considerado cobarde en un pasado no muy remoto, a su situación de un plumazo. Cerró los ojos por un instante, estaba adormecido por los narcóticos que lo sumían en un estado semiinconsciente, preludio de un abismo diferente e incontrolable, ese en el que el subconsciente toma las riendas, un lugar en el que habría querido permanecer para siempre.(...)