
No sé por qué siempre me han llamado la atención los suelos de las ciudades, si cierro los ojos, puedo oir las pisadas por esas calles empinadas, de cantos rodados que bajaban por el puente viejo.
Y es que Ronda tiene ese aire histórico, conocido, al mismo tiempo que enigmático. Su ciudad, llena de calles estrechas donde puedes oir el eco de tus susurros, piedra gris y horizonte azul, allí donde el tajo muestra su cicatriz, adornada de pinos en su horizonte. Yo conozco todas las almas de esa ciudad, he pasado muchos años con ella, últimamente me decepcionó parte de su corazón, pero como fuerte que es, siempre permanecerá impasible.
El barrio guarda ese sabor popular, de gente de campo. El aroma de sus calles es inconfundible, puedo reconocerlo en los pueblos de la serranía, es como si una parte de ella, permaneciera allí y se hiciera presente, el olor a leña quemada, a pan recién hecho, a estiércol, pero todo, de una sutileza acogedora y es que, tantos años pasando por allí y saludando tus recuerdos, hacen que te adore demasiado, como la base y la esencia de lo que fuí.
Sólo tienes que ascender unos pocos metros por encima de la muralla del almocábar y todo se transforma, llega esa alma entregada al turismo, donde se confunden la "catedral" de Santa María la Mayor, con los puestos de volantes y capotes de los gitanos, los juzgados, el ayuntamiento, si te acercas por la noche, es algo espectacular.
Y es que, pensandolo bien, esa ciudad tiene muchas cosas que contarme, cada rincón ha sido testigo de algo diferente.
Así la capilla de María Auxiliadora, antiguo internado de curas, ahora es una sombra de lo que fue, allí puedes asomarte a ver parte de esa grandeza, y ver a lo lejos, el camino hacia la Virgen de la Cabeza, testigo de romerías estivales , llenas de risas y vino.
Si logras salir sin perderte en el laberinto de calles de la ciudad, calles sombrías, de piedras, húmedas, donde el único testigo es tu sombra, atravesarás el puente nuevo, zona adorada por miles de flashes a diario.
Así puedes estar paseando, horas y horas, la Alameda, con sus vistas grandiosas y su famoso balcón del "coño", la calle la bola, comercial, ufff, casi que no me quedaría blog.



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