miércoles, 26 de septiembre de 2007

carroña...




Ayer reconocí una de las caras del diablo, reptaba serpenteante, se enroscaba y mostraba su brillante piel, su chispeante audacia y su mordaz apetito. Nunca creí que pudiera reconocerlo, porque el diablo, ha logrado, en la mayoría de los casos, pasar inadvertido entre nosotros, es uno de sus mayores logros, el hacernos pensar que no existe.
Puede adoptar muchas formas, ayer tenía la forma de una hiena hambrienta, sus risas eran estridentes y penetraban con tal fuerza sobre mis sentidos, que lograban erizarme la piel.
Cómo no supe reconocer antes esa mirada brillante y esa boca babeante tras cualquier trozo de carne en putrefacción.
Muy ciega he debido de estar, para no ver su verdadera cara antes, o muy podrida, para que tal criatura pusiera sus ojos en mí alguna vez.
Cuando un ángel maldito pierde sus alas, es difícil, por no decir imposible, reconocer o encontrar aquello que fue.
Ahora, estoy más fuerte que nunca.

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