
No creo mucho en el destino, aunque hay cosas que por azar parecen estar conectadas por un ente superior que mueva los hilos. El torbellino vital de lo cotidiano a veces nos envuelve con una fuerza imparable, el día a día, con sus altibajos extremos en demasía, en los que pasamos en cuestión de minutos, incluso segundos, de la risa a la nostalgia, del cabreo a la calma, del hastío al deseo mas voraz. Y es que esta vida es velocidad, pero no una velocidad cualquiera, tiene que estar repleta de momentos útiles, productivos, programados...Por eso me sorprendió que la casualidad me llevara a un lugar diferente, un lugar donde no existen las tecnologías, ni las prisas, donde el tiempo se saborea, un tiempo que sería para muchos de nosotros perdido, vacío, aburrido, cuando en realidad, somos nosotros los que estamos dentro de la dinámica de adornar nuestro tiempo con banalidades absurdas y materiales, tan efímeras y pasajeras, tan volátiles... que...cuando no las tenemos nos sentimos vacíos y desolados, es como si nos quitaran un pilar de nuestras vidas.
Pasamos demasiadas veces por los lugares ignorándolos, tenemos las cosas en frente de nosotros sin darnos cuenta, miramos monumentos como el que se ve un dedo de la mano, tenemos la mente repleta de cosas inútiles que nos bloquean y nos hacen seguir de frente, nos parecemos a animales de carga con orejeras. Yo misma, he pasado incontables veces por la Cartuja de Jerez, y por supuesto, el edificio es precioso, tiene la magnificencia de las catedrales góticas, pasando delante de ella y mirándola de reojo, sólo eso, pero... algo me impulsó a entrar. Sólo puedo decir que he descubierto un tesoro, no tiene nada que ver con la religión, ni el fanatismo, va mas allá de cualquier creencia. Los cartujos hace años que se fueron de allí, pero, el edificio no ha sido abandonado, ahora moran allí, las hermanas de belén, he de confesar que cuando las vi, la primera impresión fue de extrañeza, pensaba que me había colado en algún ritual mas bien propio de una secta que de una congregación católica. La estampa parecía sacada de un cuadro medieval, madera, incienso, oscuridad, luz tenue y un silencio adornado por cantos dulces. Algo parecido a lo que transmiten los cuadros de Zurbarán, sus hábitos son blancos y destacan sobre la madera del coro. Mirándolas pensé que solo alguien muy valiente puede llevar una vida así, medio ermitaña, aislada, incluso de ellas mismas, vida para personas privilegiadas y especiales, vida de meditación y aislamiento... ¡cómo pueden!. No las entiendo, pero en cierta forma las envidio, lo tienen tan claro... Estamos enraizándonos en la cultura del laicismo y catalogando lo que no nos cuadre como ignorancia, adoctrinamiento...Si logras desprenderte de tu coraza mundana, podrás ver ese pequeño oasis en el que el tiempo se ha detenido por completo. Pero, si no puedes desprenderte de tus cadenas, aunque sea por un instante, pasa de largo.



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