Cuando era pequeña, pensaba que las nubes eran de algodón, alli vivían pequeños duendecillos felices y revoltosos, personajes para los que la vida era dulce, tierna, risueña... Yo me asomaba a veces a ese mundo y participaba de sus risas, sus casas, su vida, hoy, recordando esa ficción de mi mente, he intentado volver a pasearme por las nubes y he encontrado que se han convertido en sencillos cúmulos de vapor de agua en suspensión. Sé que la vida cambia, pero perder la imaginación, la fantasía, evadirse hacia algo diferente...¿tendria que convertirse en una actitud infantil?, quiero volver a pasearme por las nubes, encontrarlas, aunque muchos de sus habitantes hayan desaparecido, intentaré reconstruir sus vidas, cambiarlas, necesito volver allí, despegar los pies de la tierra, aunque sea por un corto periodo de tiempo, ya, sé que no puedo irme a vivir allí, mi vida está en otro sitio, donde las circunstancias externas, no dependen totalmente de mí y no está en mi mano, el cambiar esas circunstancias, pero sí, el mirarlas de otra forma.
Volveré a pasearme por las nubes, sin dejar el hilo que me une a ti, tu serás mi referente terrenal cuando me olvide de este mundo, en ese instante tira de él y llévame hacia tí, cuando sienta tu abrazo, me olvidaré de la vida que se encuentra allí, está tan lejos... al fin y al cabo, las nubes, ¿no pueden ser también de humo?.
Volveré a pasearme por las nubes, sin dejar el hilo que me une a ti, tu serás mi referente terrenal cuando me olvide de este mundo, en ese instante tira de él y llévame hacia tí, cuando sienta tu abrazo, me olvidaré de la vida que se encuentra allí, está tan lejos... al fin y al cabo, las nubes, ¿no pueden ser también de humo?.
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EL EXTRANJERO
-¿A quién quieres más, hombre enigmático,
dime, a tu padre, a tu madre,
a tu hermana o a tu hermano?
-Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
-¿A tus amigos?
-Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
-¿A tu patria?
-Ignoro en qué latitud está situada.
-¿A la belleza?
-Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.
-¿Al oro?
-Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
-Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
-Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes maravillosas!.
Charles Baudelaire.



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