viernes, 25 de mayo de 2007

Cuando tu vida lleva ya un cierto recorrido, son pocas las cosas que te sorprenden. Sentir que todo es fácil, que no hay inquietud por lo que pueda venir, pensar que todo es pasado, o futuro previsible... es triste, muy triste...
Pero, ¿para qué está la madurez entonces?, o... ¿el paso de los años?. Añoro esa sensación de vacío, de abismo, porque sí, es cierto, no sabemos nada del mañana, pero, no me refiero a eso, hablo de los elementos con los que se formará.
Ciertamente, hemos cerrado las posibilidades, estamos atrapados en un círculo donde, para bien o para mal, todo nos resulta familiar, conocido. Utilizamos las mismas materias primas, pero, ¿quién quiere cambiarlas?. Es como decirle a un escultor consolidado que cambie la arcilla por algo diferente, si le va bien asi... ¿para qué?.

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