
"¿Sabe usted lo que es una ordalía? No. Veo que no lo sabe.Pero no se preocupe; en realidad es una palabra que casi nadie conoce, puesto que cayó en desuso desde que las ordalías dejaron de practicarse en Europa, allá por las postrimerías de la Edad Media.Aun así, en algunos países primitivos continúa constituyendo una práctica común, y en Benin, que es por esencia el país de los venenos,sigue siendo una forma habitual de impartir justicia.Y es que una ordalía no es en realidad más que lo que pudiéramos llamar un «Juicio de Dios», es decir, que cuando no existe forma humana de demostrar la inocencia o culpabilidad de un reo, se le somete a una difícil prueba. Si queda vivo se supone que es inocente; si resulta muerto se supone que «era» culpable.Estará preguntándose a qué viene todo esto, pero lo cierto es que al encontrarse ante esa imposibilidad de establecer si es usted culpable o inocente, he optado por someterle al más inapelable de los juicios: la Ordalía del Veneno, para que sea Dios quien decida.¿Loco...? Sí, es muy probable que esté algo loco, pero al fin y al cabo... ¿quién no lo está en los tiempos que corren?."
"La Ordalía del veneno" (Alberto Vázquez Figueroa).
LA PRUEBA DE LAS AGUAS AMARGAS.
Se utilizaba en casos de presunto adulterio y sólo con las mujeres.
La acusada debía ingerir un brebaje preparado por el sacerdote y en el que diluía, en agua consagrada y mezclada con tierra del sueño del tabernáculo, un papel con estas maldiciones:
“Si no ha dormido contigo ninguno y si no te has descarriado, contaminándote y siendo infiel a tu marido, indemne seas del agua amarga de la maldición, pero si te has descarriado y fuiste infiel a tu marido, contaminándote y durmiendo con otro, hágate Yahvé maldición y execración en medio de tu pueblo y séquense tus muslos e hínchese tu vientre, entre esta agua de maldición en tus entrañas para hacer que tu vientre se hinche y se pudran tus muslos”.
En ibias (Asturias), para juzgar a las presuntas adúlteras se mezclaba el agua bendita con el polvo obtenido tras raspar el altar de la iglesia.



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