miércoles, 6 de julio de 2011


He dejado que fluyeras con la templanza y serenidad de un río cristalino casi en calma. Tu cuerpo es de fuego y tu alma es de piedra. Nunca nada me quemó tanto ni lo sentí tan distante. Ya sé que la culpa es mía... tus actos jamás me engañaron, solo hicieron pantomimas a mi alrededor dejando que mi ilusión creciera. Mientras yo te buscaba en las nubes, tú levantabas piedras en la tierra buscando alguna víbora que saciara tu hambre. Cazador de alimañas, en eso te has convertido. Eres experto en cubrirte con los caparazones tornasolados de los insectos que acuden al olor de la sangre, esa que cae del corazón que portas en tu mano, ese que alguien te entregó y tu manoseas como una masa viscosa y lacerante. Ya no se quién eres, y yo... ya no soy. Maldita cordura que no ha dejado que enloquezcas, malditos fantasmas que acarician tus pensamientos, maldita perfección racional en la que vives...maldito tú que me rompes a cada instante... maldito por siempre.

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