jueves, 7 de enero de 2010


Hoy en día son numerosas las formas en las que interactuamos las personas. Aún recuerdo como algo muy lejano, aquella época en la que la carta era un objeto adorado, visualizo aquellos teléfonos de rueda pesadísimos, en los que perdías la intimidad si tenían supletorios ( más de una vez ha delatado la risita al otro lado del hilo), y en los que la identidad de la persona que llamaba era una sorpresa pocas veces anunciada.
Recuerdo la primera vez que recibí una postal, o al menos que tuviera conciencia de ello, era de un amigo de la infancia, Javi se llamaba, tenía una gota de perfume, que había hecho que las letras se difuminaran por el centro, la de veces que habré mirado esa postal, intentando descubrir alguna clave secreta o algo, ahora sólo arranca una leve sonrisa, por la inocencia que compartía, y la limpieza de los sentimientos que acarreaba.
Ya todo es diferente, cada vez confío menos en las personas, y es que... el tiempo te hace ver y captar todas las pistas de las que tienes que huir.
Ahora ya no nos mandamos cartas, apenas mails de cuatro frases son suficientes, algún mensaje de texto suelto, o incluso un correo rodado, con el que quieres decir, mira estoy aquí, pero no quiero, ni tengo tiempo que dedicarte, una auténtica pena.
Y mucho más difíciles se vuelven las relaciones que nacen en este medio, porque falta la inmediatez o el lenguaje visual, señales que en la vida real hacen que confíes inmediatamente en alguien o la rechaces de pleno. Yo para esas cosas siempre he tenido un sexto sentido, pero claro, cuando solo lees, ¿cómo percibirlas?. Imposible.
Ahora puedo ver como las personas pueden mostrarte una imagen amable, divertida, inteligente, cómplice... cuando en realidad es un espejismo, un invento, una máscara, ya no sé que pensar, por si las moscas he reforzado mi escudo, que ya de por sí, era bastante fuerte.
Ahora puedo mirar alrededor y captar todo el daño que este mundo irreal puede hacer en la realidad de alguien. Gente que manipula, que juega, atrapa, engaña, sólo con el fin de llenar una vida de la que carecen, un despojo vacío en el que las historias y sentimientos ajenos les sirven como alimento espiritual, en una especie de ritual egoísta.
Pero bueno, no puedo hacer nada y ... ser testigo de las acciones de esas personas, me pone en un punto complicidad hacia ellas, que a veces roza la cobardía... Igual aislarse de esas cosas sería lo mejor, cortar radicalmente con todo, una vez que aprendes la lección, ¿ para qué caer de nuevo o tropezar con la misma piedra?.
La maldad tiene muchas caras, y muchas facetas e intensidades. Pero generalmente la maldad suele tener un denominador común, el provenir de seres humanos, al resto, puede llamársele fuerzas de la naturaleza, o incluso infortunio.
En fin, no quiero seguir porque el siguiente paso que me apetece es personalizar, y dar detalles, y...¿ para qué?.
Ahora lo que me apetece es abrazar y besar, y de eso, mi vida tiene momentos, así que... el resto...

No hay comentarios: