miércoles, 9 de enero de 2008

tras mi muro...

Por muy afianzadas que las cosas permanezcan, siempre hay un movimiento. Es el juego de la vida, del que no se puede huir. Puedes pensar, esto permanecerá así para siempre, me gusta, voy a cuidarlo para que no cambie por mucho tiempo, pero, decirlo, tal cual, es aproximarse a algo inerte, es, como hablar de un mueble viejo, que cumple su función, pero el paso de los años, deteriora.
Ya, sé que todo tiene su excepción, pero al hablar de personas, no puedes estancarte.
Un día, notas que te hiere algo que antes no lo hacía, o que te sientes sola, cuando antes no lo sentías... claro que cambiamos, tenemos nuestro margen de acción, donde todo permanece inalterable, pero, ¿dónde estan los límites que marcan ese espacio?.
Es triste encontrarte un día dando respuestas que no te pertenecen, tener que deducir de hechos, palabras inexistentes. No está mal, si los hechos siempre permanecen, corroborándote esas respuestas. El problema está, cuando no hay hechos, y mucho peor, no hay palabras. Te quedas sola, intentando responderte, en un conjunto de ideas sin solidez, producto de las dudas, que van erosionando la confianza.
Sólo queda esperar, el tiempo decide siempre, impasible, y me dirá, hacia que lado se inclina la balanza.

No hay comentarios: