
Una soledad, acariciada por el viento. Arropada en la calidez, de una tarde que comienza, en cualquier lugar del mundo. Pero, ¿qué me importa nada?, ni nadie, si me siento arropada. Igual, soy yo misma la que se quiere en este instante, porque, a veces, estas sin dar y recibes tanto, tanto, que te abruma. Porque, en este mundo, repleto de soledades compartidas, hoy, quiero ser yo misma, sola frente al mundo. Sólo quiero fijarme en lo inanimado. A veces, es lo que más sentido me dá, porque no tengo que cuestionarlo. Cosas inertes, que no se miden con nada material, que están ahí, cuando muchos pasan de largo, que nos hacen dibujar sonrisas, aunque el velo de la mundanidad, sea casi opaco.
Sensaciones que cobren la misma intensidad, cuando ya no las tienes frente a tus ojos, ante un silencio que las adora, aunque a veces no logres mantener los ojos cerrados.



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